Todo cambia, el clima, el tiempo, los hábitos, las relaciones interpersonales, los objetos, los lugares, las personas... Ya nada volverá a ser como antes, de eso no me cabe la menor duda. Los cambios que se han ido presentando no dejan espacio para ello. Mejor así.

Se lo dije a un amigo. No siempre los cambios son favorables, sin embargo, nada es estático, hay que aceptar que a veces se gana y a veces se pierde, ¿difícil? Sí, no todas las ocasiones pero ¿cómo aceptar el perder algo o a alguien que tiene un significado especial?

Pues, la verdad, no se me ocurre otra cosa que no sea dejar que el tiempo haga su trabajo, digo, no por nada pasa en vano. La resignación a la pérdida puede que tarde, pero poco a poco llega o cuando menos, la ansiedad o el dolor disminuyen.

Sucede todo el tiempo, las pérdidas se dan en mayor o menor medida, he perdido personas y cosas, las que más se sienten, obviamente son las personas, amigos que dejaron de serlo, personas que se alejaron, otras que se fueron para siempre...

Pero así como podemos perderlo todo en un segundo, podemos recuperarlo o bien, ganar algo totalmente nuevo. Únicamente, hay que seguir adelante y tratar de mantener la cabeza fuera del fango cuando estamos hundidos casi por completo. Dicen que el tiempo lo cura todo, no siempre se logra olvidar pero se puede estar mejor.